Ser sal y luz

Ser sal, sal que da sabor, que nos hace vivir la vida con intensidad, contagiando el gusto por VIVIR, y saboreando cada momento y que nos conecta con lo profundo que es en nosotros. Ser luz, luz que alumbra, que da luz a esas situaciones o aspectos de nosotros que permanecen en la oscuridad y que iluminan nuestra verdadera identidad. Ser sal y luz nos abre a los otros, no nos deja indiferentes, y hace que entendamos eso de sentir con. Nos conecta, nos lleva a Dios.

Evangelio de Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

         — Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.  Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

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